Chica de Moscú

¿Un artista ruso cantando una canción latina urbana? 🤔 Totalmente posible 😃 El cantante ruso Artik lanza "Chica Bonita" junto a Artem Kacher y Marvin. El video filmado en Moscú y Bogotá cuenta con la participación de la influencer Mariana Avila. Velo aquí

2020.11.06 14:30 dragobonacich ¿Un artista ruso cantando una canción latina urbana? 🤔 Totalmente posible 😃 El cantante ruso Artik lanza "Chica Bonita" junto a Artem Kacher y Marvin. El video filmado en Moscú y Bogotá cuenta con la participación de la influencer Mariana Avila. Velo aquí

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2019.10.11 21:39 lilriddel Busco español (idealmente castellano) ofrezco inglés

Hola! Soy una inglesa (vivo en Moscú) y aprendo español. Busco un intercambio de idiomas con una chica o un chico. Estudio el nivel B2 pero hace desde mucho tiempo no he tenido la oportunidad de conversar en español.
Busco una persona que vive en Europa porque es muy difícil llamar a una persona cuando la diferencia horaria es muy grande.
Me encanta hablar sobre viajes, el cine, la música, la historia del mundo, las artes, etc.
Soy profesora de inglés y te puedo ayudar con cualquier duda que tengas.
Si te parece interesante, pónte en contacto y vamos a hablar!
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2016.06.06 14:47 ShaunaDorothy Piloto de combate soviética luchó contra los nazis - En honor de Nadezhda Popova (Junio de 2014)

https://archive.is/Nhe8z
Espartaco No. 41 Junio de 2014
Piloto de combate soviética luchó contra los nazis
En honor de Nadezhda Popova
(Joven Espartaco)
Traducido de Workers Vanguard, No. 1029 (6 de septiembre).
La piloto soviética de bombarderos de la Segunda Guerra Mundial, Nadezhda Popova, murió el 8 de julio [de 2013] a los 91 años. A la edad de poco más de 20 años, era Capitán de Guardias de un cuerpo de élite de mujeres piloto que fueron conocidas como las “Brujas de la Noche” por los nazis, quienes temían sus incursiones nocturnas. Rendimos honores a Nadezhda Popova por su valiente defensa de la Unión Soviética, tierra natal de la primera revolución proletaria exitosa en la historia. Con un costo de 27 millones de vidas soviéticas, fue principalmente la URSS la que aplastó la máquina de guerra de Hitler y acabó con el Holocausto.
Hija de un obrero ferrocarrilero, Nadezhda nació el 17 de diciembre de 1921 y creció en Donetsk, Ucrania. Era un espíritu libre que amaba el tango, bailar foxtrot, cantar jazz y correr descalza por el pasto. Se apasionó por volar después de ver aterrizar a un piloto cerca de su casa. “Pensé, ‘¡Oh, Dios mío! ¡No es más que un hombre común!’ Tocamos las alas del avión y su chamarra de cuero”, recordó décadas después. “Yo había pensado que ellos eran alguna clase de Hércules. Y entonces pensé que sería grandioso si pudiera volar como un ave”.
Sin decirles a sus padres, Nadezhda, de quince años, se unió a un club de vuelo. A la edad de 16 hizo su primer salto en paracaídas y su primer vuelo en solitario. Fue entrenada en la escuela de aviación en Jersón, Ucrania, y se volvió instructora de vuelo, entrenando a 30 nuevos pilotos mientras todavía era adolescente.
Su vida fue destrozada por la invasión nazi a la URSS el 22 de junio de 1941. Su hogar fue tomado por soldados alemanes y su hermano Leonid murió en el frente. “Mi madre sollozó, ‘Ese maldito Hitler’. Vi los aviones alemanes volando a lo largo de las carreteras llenas de personas que salían de sus casas, disparando contra ellas con sus ametralladoras”.
Criminalmente, Stalin dejó a la URSS sin preparación para la guerra. Durante los juicios farsa de Moscú de 1936-38, purgó a toda la dirección del Ejército Rojo y ejecutó a los mejores generales. A pesar de las desesperadas advertencias de comunistas en Alemania y otros lugares, Stalin se negó a creer que los nazis atacarían a la URSS. Las derrotas del Ejército Rojo en 1941 obligaron a la burocracia a iniciar campañas masivas para reclutar a mujeres como Nadezhda al ejército. Los estalinistas hicieron esto a pesar de su reaccionaria glorificación del “papel de la mujer” como esclava del hogar, que iba de la mano con su programa antiinternacionalista de construir el “socialismo en un solo país” y de su chovinismo granruso. A diferencia de Stalin y compañía, quienes usaron la ideología nacionalista para motivar la defensa de la URSS, nuestro defensismo trotskista era internacionalista: la economía colectivizada de la Unión Soviética fue un avance sobre el capitalismo y una conquista para todos los obreros y oprimidos del mundo.
Casi un millón de mujeres soviéticas sirvieron en el frente como soldados, francotiradoras, operadoras de ametralladoras, oficiales de sanidad, conductoras de tanques y combatientes partisanas detrás de las líneas enemigas. Nadezhda Popova, entonces de 19 años, fue una de las primeras en unirse al 588° Regimiento de Bombarderas Nocturnas, compuesto sólo por mujeres. Voló viejos biplanos Polikarpov PO-2 hechos de tela tensada sobre marcos de madera contrachapada, sin radio, sin armas, sin paracaídas y sólo con la capacidad suficiente para llevar dos bombas. Volando en la noche por debajo del radar enemigo, Popova se lanzaba en picada a todo motor entre los reflectores enemigos, esquivando y maniobrando, actuando como señuelo para que otra piloto que planeaba con el motor apagado soltara su carga. Entonces la segunda piloto actuaba como señuelo para que Popova pudiera soltar sus bombas. Para los alemanes insomnes, el silbante planeo de los silenciosos aviones del 588° sonaba como una escoba de bruja al pasar, así que les llamaron las Nachthexen (ver “The Story of the Night Witches” [La historia de las Brujas de la Noche], Women and Revolution No. 36, primavera de 1989).
Nadezhda Popova hizo 852 incursiones durante la Segunda Guerra Mundial; en 1944 realizó 18 incursiones sobre Polonia en una sola noche. También dejó caer comida de salvamento y medicina a infantes de marina rusos que quedaron varados en Malaya Zemlya en 1942, volando tan bajo que podía escuchar las ovaciones de los soldados. Después de eso encontró 42 agujeros de bala en su avión. Por su habilidad y valentía, le fue otorgado el título de Heroína de la Unión Soviética.
El capitán Johannes Steinhoff, as alemán de la Segunda Guerra Mundial y comandante del 2° grupo del escuadrón de aviación JG52, le hizo un cumplido a Popova y sus camaradas en una carta del 2 de septiembre de 1942: “Nosotros simplemente no podíamos comprender que los pilotos soviéticos que nos causaron los más grandes problemas eran, de hecho, mujeres. Estas mujeres no le temían a nada. Venían noche tras noche en sus muy lentos biplanos, y por algunos periodos no nos dejaban dormir para nada” (citado en Henry Sakaida, Heroines of the Soviet Union [Heroínas de la Unión Soviética], Osprey, 2003). Se dice que el alto comando nazi prometió premiar con la Cruz de Hierro a cualquier piloto de la Luftwaffe que pudiera derribar una bruja de la noche.
En un tributo inusualmente conmovedor, la revista burguesa Economist (20 de julio [de 2013]) describió el dolor sufrido por Popova mientras sus amigas morían defendiendo la Unión Soviética:
“Lo peor, sin embargo, fue perder amigas. En una ocasión, ocho murieron en una sola incursión cuando ella era la piloto líder, mientras descomunales Messerschmitts las atacaban bajo el resplandor de los reflectores. Por todos lados, cada pequeño PO-2 se derrumbaba como una antorcha caída. Nunca lloró tanto como cuando regresó a la base y vio las literas de las chicas, todavía regadas con cartas que nunca habían terminado de escribir”.
Los pilotos y navegantes de los regimientos 586°, 587° y 588° —así como el personal femenino de tierra que armaba y daba mantenimiento a sus aviones— fueron cruciales en varias batallas clave, como en el Cáucaso, rico en petróleo, en Stalingrado y en Kursk, que cambiaron el rumbo de la guerra contra los nazis (ver Bruce Myles, Night Witches: The Untold Story of Soviet Women in Combat [Las Brujas de la Noche: El relato nunca hecho de las mujeres soviéticas en combate], 1981). Muchas también realizaron misiones alrededor de Berlín en los últimos días de la guerra. En Berlín, Popova se reunió con el piloto Semyon Jarlamov, a quien había conocido y de quien se había enamorado después de que ambos fueron derribados en julio de 1942. Después de la guerra se casó con él, tuvo un hijo y trabajó como instructora de vuelo.
Nuestro partido tiene una orgullosa historia de defensa del estado obrero degenerado soviético y de lucha contra la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS en 1991-92, una derrota histórica para la clase obrera y los oprimidos del mundo. Llamamos por revolución política proletaria para derrocar a la burocracia estalinista y por restaurar el programa internacionalista revolucionario de Lenin y Trotsky. Tal es nuestra perspectiva hoy respecto a China, Corea del Norte, Vietnam, Laos y Cuba —países donde el capitalismo ha sido derrocado pero donde el poder político es monopolizado por burocracias estalinistas parasitarias—.
En cada lucha revolucionaria, las mujeres obreras han demostrado que están entre los mejores luchadores por la liberación de su clase. La lucha por la liberación de la mujer significa la lucha por la revolución socialista internacional. Entre los mejores cuadros en esta lucha estarán nuevas generaciones de mujeres que tomarán inspiración de heroicas combatientes del pasado, incluyendo a Nadezhda Popova y las Brujas de la Noche de la Segunda Guerra Mundial.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/41/popova.html
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2015.04.01 17:01 Znacheniye Pepe Escobar: aullidos en Donetsk.Simplemente un aullido de ira y desprecio ilimitado.

Acabo de regresar de la sufridora República Popular de Donetsk.
Ya estoy de vuelta en la espléndida e insolente OTANistán. Muchos –en Donbass, en Moscú y ahora en Europa– me han preguntado qué es lo que más me ha sorprendido de la visita.
Podría empezar parafraseando a Allen Ginsberg en Aullido: “He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura.”
Pero eso era la Guerra Fría de mediados de los 50. Ahora nos encontramos en los inicios de la Guerra Fría 2.0 del siglo XXI.
Así que lo que vi fueron los espantosos efectos secundarios de las peores mentes de mi generación, y de las siguientes, corroídas por la locura (de la guerra).
Vi refugiados en el lado ruso de la frontera, principalmente familias normales europeas de clase media, cuyos hijos, cuando llegaron al refugio, se escondían debajo de la mesa al escuchar un avión en el cielo.
Vi al Dylan de Donetsk refugiándose en su solitaria habitación en una residencia para veteranos, convertida en un refugio antiaéreo, luchando contra la tristeza y la desesperación cantando canciones de amor y heroísmo.
Vi familias enteras atrincheradas en completamente decorados refugios antiaéreos de la época soviética aterrados de salir, traumatizados por los bombardeos orquestados por las “operaciones antiterroristas” de Kiev.
Vi una ciudad industrial moderna y trabajadora medio vacía y parcialmente destruida, pero no doblegada, capaz de sobrevivir por sus agallas y su astucia, con algo de ayuda de los convoyes humanitarios rusos.
Vi a chicas preciosas charlando junto a la estatua de Lenin en la plaza central lamentándose de que su única oportunidad de pasar un buen rato eran las fiestas familiares en casa las unas de las otras porque la vida nocturna ha muerto y “estamos en guerra”.
Vi la práctica totalidad del barrio de Oktyabrsky, junto al aeropuerto, bombardeado como si se tratara de Grozny, prácticamente desierto, salvo por algunas babushkas solitarias que no tienen dónde ir y tienen demasiado orgullo para renunciar a sus retratos familiares de los héroes de la Segunda Guerra Mundial.
VI puestos de control como si volviera a estar en Bagdad en la ofensiva de Petraeus.
Vi al principal medico de traumatología en un importante hospital de Donetsk confirmar que no ha habido ni Cruz Roja ni ayuda humanitaria internacional para la gente de Donetsk.
Vi a Stanislava, una de las mejores y más expertas francotiradoras de la RPD, encargada de nuestra seguridad, llorar al poner una flor en el lugar de una dura batalla en la que su batallón se encontró bajo el fuego ucraniano, donde veinte soldados resultaron gravemente heridos y uno murió, y donde ella fue herida por la metralla y sobrevivió.
Vi iglesias ortodoxas completamente destruidas por los bombardeos ucranianos.
Vi la bandera rusa aún izada sobre el edificio anti-Maidan, que hoy es el edificio del Gobierno de la RPD.
Vi el reluciente Donbass Arena, estadio del Shakhtar Donetsk y OVNI en la ciudad herida por la guerra, desierto, sin un alma en las gradas.
Vi la estación del tren de Donetsk bombardeada por los matones de Kiev.
Vi a un sintecho gritar “¡Robert Plant!” y “¡Jimmy Page!” al conocer que sigue enamorado de Led Zeppelin y que ha guardado todos sus vinilos.
Vi una fila de libros que nunca se rindieron tras las ventanas rotas, bombardeadas en Oktyabrsky.
Vi las tumbas recientes donde la RPD entierra a sus héroes de la resistencia.
Vi lo alto de la colina de Saur-Mogila, que la resistencia de la RPD perdió y reconquistó después, donde ahora ondea una solitaria bandera roja, blanca y azul.
Vi al super hombre levantándose de la destrucción en Saur-Mogila: una estatua caída en el monumento a los héroes de la Segunda Guerra Mundial, que hace setenta años luchaba contra el fascismo y hoy ha sido derribado, pero no destruido por los fascistas.
Vi la caldera de Debaltsevo en la distancia y entonces pude apreciar perfectamente, geográficamente, cómo la táctica de la RPD rodeó y apretó a los desmoralizados soldados de Kiev.
Vi al ejército de la RPD de maniobras junto a la carretera que une Donetsk y Lugansk.
Vi al ministro de Exteriores de la RPD con esperanzas de que pudiera haber una solución política en lugar de la guerra, a la vez que admitía que sueña con la RPD independiente.
Vi a dos tremendos comandantes cosacos contarme en granja de cría de caballos en la sagrada tierra cosaca que la guerra de verdad aún no ha comenzado.
No vi el completamente destruido aeropuerto de Donetsk porque el ejército de la RPD estaba demasiado preocupado por nuestra seguridad y nos negó el permiso mientras el aeropuerto seguía siendo atacado, en una violación de Minsk 2; pero vi la destrucción y la foto de los cuerpos de soldados ucranianos apilados en el móvil de un soldado serbio de la resistencia.
No vi, como tampoco lo han hecho los observadores de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, las columnas y columnas de tanques y soldados rusos que el actual doctor Strangelove a cargo de la OTAN, el general cría-odio, ve a diario en sus exaltados sueños de invadir Ucrania una y otra vez.
Y no vi la arrogancia, la ignorancia, la desvergüenza y las mentiras distorsionadas que esas caras arregladas de Kiev, Washington y Bruselas mientras insisten, una y otra vez, en que la población de Donbass al completo, incluidas babushkas y niños de todas las edades traumatizados, está formada por terroristas.
Después de todo, son cobardes autorizados por la “civilización” occidental que nuca se atreverían a mostrar sus arregladas caras a la gente de Donbass.
Así que este es mi regalo para ellos.
Simplemente un aullido de ira y desprecio ilimitado.
http://slavyangrad.es/
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2014.12.28 11:02 foresbailo AHORA QUE ESTAMOS EN LA FIESTA DEL CONSUMO LLAMADA NAVIDAD...El imperio del consumo POR Eduardo GALEANO

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo. El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial. «Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas». Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar. El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico. Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas. El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados e McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar? El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas. Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiene den las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio. Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas? El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial. El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas. La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.
Eduardo GALEANO Montevideo, Uruguay
http://latinoamericana.org/2005/textos/castellano/Galeano.htm
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2014.09.05 12:27 labradorPocoLadrador [entre líneas] Traducción discurso Russell 1950. RBU.

Supongo que sabréis que Russell era un defensor de la Renta Básica Universal, e aquella época surgió la idea, pero tuvimos la mala suerte de que saliera la utópica teoría de la socialdemocracia..., ahora nos toca comérnoslo todo con patatas. Ahora hay que revisar qué ha sido correcto y qué no lo es, en cualquier caso, será la ciudadanía la que deba asumir los riesgos, si es que los hay.
Russell en 1950 recibió el premio Nobel de Literatura y, aprovechando que era un conocido activista político y teórico de una ética de carácter laico y científico (ética emotivista, que reconoce unos valores objetivos aunque los desconozcamos y los debates sólo puedan confrontar emociones), quiso traer en su discurso una extensión de sus ideas que, a mi juicio, aún están vigentes.
Si veo que hay movimiento, empezaré a llenar esto de referencias, por lo pronto ahí dejo la primera parte del discurso que, traducido por mí al castellano, ha perdido parte de su intencionalidad de humor blanco; razón por la cual también incluyo el enlace más abajo.
He incluído anotaciones entre corchetes, espero que no molesten demasiado.
Que lo disfruten.
¿Qué deseos son políticamente importantes?
Sus Altezas Reales, Damas y Caballeros,
He elegido este tema como mi lectura de esta noche debido a que creo que las más populares discusiones de política y teoría política no suelen ahondar en la psicología. Lo que son hechos en la economía, las estadísticas, el proceso constituyente, y así, quizá no sean para tanto. No es demasiado difícil el saber cuántos surcoreanos y norcoreanos habían para cuando empezó la guerra: si se pusieran a mirar en los libros adecuados serán capaces de asegurar cuántos habrían y hasta cuánto de peligroso era su destacamento militar. Pero si quisieran saber qué clase de persona es un coreano, así como apreciar la sutileza entre uno del norte con uno del sur; si quisieran saber qué es lo que esperaban de la vida, cuáles eran sus penas, cuáles sus esperanzas así como sus miedos; en una palabra, que es lo que, como se dice, "les hacía tilín", todo el tiempo que gasten en esos libros tan referenciados será en vano. Incluso no podrán decir de qué manera los surcoreanos asimilan el UNO [movimiento político], o si prefieren la unión con los del Norte. Así como tampoco podrían adivinar hasta qué punto desearían apoyar unas elecciones para posicionar a unos políticos que ni conocen.
Todas estas cuestiones provocan rechazo ante los sabios que se ubican en las capitales remotas [aquí en Occidente], para provocar merecidas críticas. Si la política fuera, como tal, una ciencia y si la cosa no consistiera en ir incitando a la creación constante de emociones [populismo demagógico], se haría imperativo que nuestro pensamiento político llegara a penetrar mucho más allá de los movimientos de las personas.
¿Cuál podría ser la influencia de los eslóganes contra el Hambre? ¿Cuál es la efectividad con respecto al número de calorías gastadas por llevarlo a cabo? Si un hombre le ofreciera democracia y otro le ofreciera un saco de harina, ¿en qué etapa de hambruna antepondría el saco al poder de voto? Todas estas cuestiones son tomadas con muy poca consideración.
Aún así, hagámoslo de esta manera, por el momento olvidémonos de los koreanos y consideremos solo la raza humana. Toda actividad humana está marcada por deseos. Existe una corriente científica bastante desarrollada de lo más falaz por unos moralistas contemporáneos que aseguran que es posible resistirse al deseo en el interés del deber y los principios morales. Digo que es falaz, no porque no haya persona que no se rija por un sentido del deber, sino porque el deber no se establece en [email protected] hasta que se tenga el deseo de querer sentir una sensación de plenitud por tener el trabajo cumplido [a ver si alguien me ayuda a traducirlo mejor]. Si realmente quieren saber qué hará una persona, no sólo deberán saber principalmente, cuáles son sus circunstancias materiales, sino que además todo el sistema de deseos con sus relativas pulsiones.
Hay deseos que, con mucha fuerza, no tienen, por norma, ninguna relevancia política. La mayoría de las personas en algún momento de su vida desean casarse, pero como norma encuentran la manera de satisfacerlo sin adoptar ninguna clase de decisión expresa, decisión política. Habrá, por supuesto, excepciones; el rapto de de las mujeres de Sabine es un caso. Así como la evolución en el nordeste de Australia sometida por la vigorosidad de jóvenes que, obligados a tener que trabajar, desdeñaron a la sociedad femenina. Aunque esos casos son inusuales, y por regla general el interés que haya entre hombres y mujeres se desempeña de una manera espontánea y natural.
Los deseos de relevancia política quizá podamos dividirlos entre un grupo primario y otro secundario[Léase la pirámide de Maslow: A Theory of Human Motivation A. H. Maslow (1943)]. En el primario obtenemos las necesidades fundamentales para vivir: ya sean comida, refugio y ropa. Cuando esta clase de cosas se encuentran por doquier, no encontraremos límites a la capacidad que tenga el ser humano para dar lo mejor de sí, así como incluso tampoco veremos límite alguno, en fuerza coercitiva, a la hora de querer mantener la seguridad de su sistema. Se ha dicho por los más contemporáneos estudiantes, que en cuatro ocasiones diferenciadas, la sequía en Arabia provocó oleadas migratorias a las zonas colindantes, con sus correspondientes efectos ya sea políticos, culturales y religiosos. La última de esas ocasiones provocó el áuge del Islam. La propagación gradual de los clanes germánicos desde el sudeste ruso hasta Inglaterra, y más allá, hasta San Francisco, tuvieron motivos similares. Sin lugar a dudas el deseo por comida estuvo, y lo sigue estando, en uno de los principales motivos de los hitos políticos.
Pero el hombre difiere de los animales en una cosa muy importante, y es que tiene deseos que son, como el hablar, de infinitos usos, que jamás podrán quedarse plenamente satisfechos, y que a la hora de alcanzarlos podrían mantenerle en paz como si estuviera en el Paraíso. La boa constrictor, en cuanto se ha hecho con un buen bocado, procede a darse una siesta, y no vuelve a levantarse hasta que toque volver a comer. Las personas, mayormente, no son así. Cuando los árabes, que solían vivir con moderación en ciertas épocas, conquistaron las riquezas del Imperio
Romano Oriental, y habitaron en palacios de toda clase de los más increibles lujos de detalles, no por ello se volvieron inactivos. El hambre ya no era una razón, fueron alosanjados por los exclavos griegos mediante exquisitos abituayamientos sin que ellos opusieran a penas una leve resistencia. Sin embargo, otros deseos se mantuvieron en activo: cuatro en particular, que podríamos etiquetar como avaricia, rivalidad, vanidad y amor por el poder.
Avaricia- el deseo de obtener tantos bienes como sea posible, o el título de tales bienes - es un motivo que, supongo, tiene su origen en una combinación de miedo con el deseo de evitar las necesidades. Una vez me hice amigo de dos chicas de Estonia, que a duras penas pudieron escapar de morir de hambre. Vivieron con mi familia, y tuvieron cuanto quisieron para comer. Pero en sus ratos de ocio, no se les ocurría nada mejor que ir a visitar a los vecinos para robarles las patatas que habían estado almacenando. Algó así pasaría con Rockefeller, que tras vivir una infancia bajo la dura pobreza, acabaría por comportarse de esa manera tan peculiar en su etapa rica y adulta. Asímismo,los caciques árabes desde sus divanes bizantinos de seda no podían olvidar el desierto, y acumularon riquezas más allá de cualquier necesidad física. Pero cualesquiera que sean los motivos psicoanalíticos de la avaricia, nadie podrá negar que este es uno de los grandes motivos - o al menos entre los más potentes, para ser, como he dicho antes, uno de los motivos con carácter infinito. Sin embargo cuanto más adquieras, siempre desearás tener más; la saciedad es un sueño que siempre se te escapará.
Pero la avaricia, a pesar de ser lo que sustenta al sistema capitalista, es el principal motivo que supera el problema del hambre cuando no se dispone de otra cosa [Russell conseguiría el Nobel de literatura, pero hablaba más raro que un perro verde]. La rivalidad es una razón mucho más potente. Una vez más, en la historia mahometana a las dinastías les tocaba aguantarse ya que los hijos de un sultán con diferentes madres podrían entrar en conflicto [no he podido traducir el doble sentido: los conflictos existían cuando eran las propias madres las que no se entendían], conllevando a una guerra civil de lo más ruinosa. La misma clase de cosas ocurre en la moderna Europa. Cuando el Gobierno británico tan desafortunadamente confió en el Kaiser para hacer revista de la armada en Spithead, aquello que se le pasó por la mente no era ni mucho menos lo esperado. Lo que dijo fue: "Tengo que mostrar una armada tan buena como la de la yaya", y de este pensamiento emergió toda una amalgama de problemas posteriores [al parecer a los nobles ingleses les da por competir por el tamaño de los desfiles militares]. El mundo sería mucho mejor si la avaricia tuviera más fuerza que la rivalidad. Pero, de hecho, los hay que mostrarían un enorme rostro de satisfacción sólo al comprobar el gran empobrecimiento y su consecuente ruina a aquellos que pretendan satisfacer sus ansias de rivalidad [la rivalidad provoca el disfrute por la ruina ajena]. De ahí la gracia de los impuestos y lo sutilmente elevados que están [humor inglés muy actual con nuestro presidente plasma y las risas de Montoro].
La vanidad es una razón de inmensa potencia. Cualquiera que haya tenido algo que ver con niños sabrá cómo éstos acaban haciendo auténticas trastadas, para luego decir: "mírame". "Mírame" es uno de los más fundamentales deseos del corazón humano. Puede adquirir innumerables formas, desde las bufonadas [Dragó+política] hasta la búsqueda del Legado que le queda al ser humano para alcanzar la inmortalidad. Hubo un principito de la Italia renacentista al que un sacerdote le preguntó en su lecho de muerte si había algo de lo que se arrepentía: "Sí", dijo, "hay una cosa. En una ocasión recibí tanto al emperador como al papa a la vez. Los llevé a lo alto de mi torre para ver las vistas, y me negué a aprovechar la oportunidad de tirarlos a ambos torre abajo, lo cual me habría llevado a la inmortalidad en todos los libros de Historia". La historia no nos cuenta si obtuvo la absolución [pausa para ver si el público se ríe, bueno, bien contado hace gracia]. Uno de los problemas de la vanidad es que crece a medida que se alimenta. Cuanto más hablas de algo, más quieres saber sobre ese algo. Quien es condenado por asesinato en cuanto tenga acceso al fallo del juez mediante la prensa, acabará por indignarse en cuanto descubra el más leve error en la información publicada. Y cuanto más lea sobre él más indignado se sentirá por cada misiva o detalle que haga pobre el trabajo del informe. Tanto políticos como literatos se encuentran en una situación parecida. Y en cuanto les toque el querer relatar la historia de un famoso, más difícil será resumir su historia sin levantar suspicacias. Y no hay que menospreciar la fuerza de desempeño que pueda tener el ceño fruncido ya sea de un niño de tres años o de un auténtico apoderado. La Humanidad siempre tuvo el lujo de atribuir esta clase de deseos y pulsiones a la Deidad, la cual se imaginaban ávida de un continuo deseo de ser alabada. Sin embargo, aun siendo tan grande la influencia de las razones que estamos dilucidiendo, hay un motivo que las supera a todas. Me refiero al amor por el poder. El amor por el poder es cercano a la vanidad, pero no se parecen en nada. Lo que necesita la vanidad para conseguir su satisfacción es la gloria, y es fácil conseguir la gloria sin poder. Las personas que disfrutan de una suerte de Gloria en los Estados Unidos son las estrellas de cine, pero ya les gustaría ponerse en el lugar de Comité de Actividades Anti-Americanas, que no disfruta de ninguna sensación de gloria. En Inglaterra el rey disfruta de más gloria que el Primer Ministro, pero éste tiene más poder que el rey [igualito que con Juanca, pero al revés: la gloria se lo lleva el botones del reino]. Muchas personas prefieren la gloria antes que el poder, pero esa clase de personas no son las que marcan los hitos en la historia.
Por los corredores de los palacios de Napoleón se decía: "Él no estaba tan loco como para dejarlo todo por Moscú". Napoleón, que ciertamente nunca estuvo desprovisto de vanidad, de elegir siempre elegía el poder. Para Blücher, esta elección fue una locura [aquí Russell nos dice que por amor al poder se puede sacrificar incluso la gloria, interpreto que porque se buscaba la victoria tanto de Francia como del individuo frente al invierno ruso]. El poder, así como la vanidad, es insaciable. Nada salvo la omnipotencia podría satisfacerla completamente. Y como es propio de los vicios de la gente más energética, la eficacia de gasto energético que pueda suponer el amor por el poder no puede justificarse debido al número de veces que hace su aparición en escena [esto contradirá la teoría de Dawkins sobre el gen egoísta]. Es, si lo miramos bien, como mucho el más poderoso de los motivos que empujan a las personas, que acaban siendo importantes, a hacer lo que hacen.
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http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1950/russell-lecture.html
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